Ángel Aragonés

Ángel Aragonés - Pintor, escultor, paisajista
OBRA PÚBLICA > GLORIETA DEL AIRE, 2006    (ALCORCÓN)

MONUMENTO AL AIRE EN LA AVENIDA DE LEGANÉS (ALCORCÓN)

Sobre estas cuatro meditaciones construyo la maqueta y más tarde el conjunto escultórico dedicado al aire.

Dentro del proyecto de obras de remodelación del barrio de San José, calle Villaverde y aledaños en Alcorcón. Se encuentra esta rotonda entre las calles Porto Lagos, la Plaza y la Avenida de Torres Bellas. Precisamente en esa confluencia se proyectó en 1998 la ubicación de una escultura dedicada al aire, componiendo de ese modo lo propuesto para las rotondas que contenía la nueva Avenida de Leganés, tematizadas con los cuatro elementos: tierra, fuego, aire y agua.

Se realizaron las de la tierra con una metáfora en piedra de la Diosa Cibeles portando una estrella. El fuego sería representado por Prometeo. El aire quedo en el “aire”, es decir no se hizo evitando que el tramo que se quería dedicar a una espaciosa rambla fuera suspendido. Sin embargo, se realizó la rotonda dedicada al agua por medio de una pirámide de agua con esculturas en chapa de bronce batido de Neptuno, Tritón, Sirena y Nereida.

Al plantearse de nuevo la rotonda que completaría la glosa de los cuatro elementos descritos. Se proyecta el presente diseño de la superficie y la implantación del monumento dedicado al aire.

La Rosa de los vientos sobre la meseta de coronación de la rotonda, desde donde esta desciende suavemente hacia la calzada, proyecté el trazado de una rosa de los vientos donde quedan inscritos todos los rumbos, por medio de flechas o triángulos de diversos tamaños, así como círculos para los subrumbos combinando los siguientes elementos de jardinería:

Sobre este trazado se elevan dos columnas laterales de piedra blanca (Campaspero), conformadas sobre una altura de mas de cuatro metros, talladas en ambos lados interiores formando la silueta de una persona, dejando los laterales externos con la piedra cortada de forma abrupta para mostrar su fuerza natural.

Sobre estas dos columnas, como el arco de la bóveda celeste, se realiza un plano rematado en arco tendido construido con piedra negra de (Sudáfrica) pulida, se talla el hueco de la cabeza y los brazos de la figura humana, que como se puede apreciar se encuentra con los brazos abiertos señalando el este y el oeste, el nacimiento del Sol y su ocaso diario. Pasando por el vacío de la figura los rumbos norte y sur.

Convive con esta escultura de 35 toneladas de peso (cuanto pesa el aire), un inmenso cedro que habitaba estas tierras antes de construir estas enrevesadas andaderas para los sacrosantos coches. Sigue ahí conviviendo con el aire y las piedras como en las ruinas de un monasterio.

De modo que al descender desde la Avenida de Leganés, sólo se ve el cedro, (muy inclinado por cierto). La escultura o mejor dicho el vacío con forma humana se viste de cielo, o de viviendas, sus vestiduras son el reflejo de cuanto le rodea, en este caso nos permite meditar sobre como el aire habita, incluso en lo inevitable, en el medio urbano que se nos impone a los humanos, sin que por eso no debamos saber donde están los rumbos y los cuatro puntos cardinales.

El aire en este caso con figura de gigante, alza sus brazos para señalar a la par que abrazar a todo el que pasa por este lugar.

Se trata por tanto, de una escultura del vacío que funciona como un espejo mágico con esfinge de persona, que en su abrazo contiene el entorno urbano que va configurando la ciudad y su historia bajo la negra y brillante bóveda celeste.

Ángel Aragonés

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